RODAS: LA ISLA DEL COLOSO PERDIDO

La primera impresión que uno tiene al llegar a Rodas es la de estar en una tierra bendecida con la luz más dorada del sol. Después, casi de inmediato, los ojos del visitante se encuentran con la insignia de la isla; las dos estatuas, el ciervo y la cierva, que colocadas sobre dos robustas columnas presiden desde hace siglos la entrada del viejo puerto de Mandraki. En ese mismo lugar, según cuenta la leyenda, se erigía en otros tiempos una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo: la inmensa estatua de Helios, el dios del sol, conocida como el Coloso de Rodas.

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La entrada del antiguo puerto de Mandraki donde se levantaba el Coloso de Rodas.

Se dice que la estatua medía unos cuarenta metros de altura y que sus piernas estaban apoyadas en ambos lados del puerto, sosteniendo una antorcha encendida para indicar a los barcos el punto de entrada a la ciudad. El Coloso fue esculpido por Cares de Líndos para celebrar la victoria de la isla sobre el macedonio Demetrio y fue derribado por un gran terremoto en el año 227 a.C. Aún en la actualidad hay quienes continúan buscando sus restos bajo las aguas, a pesar de que se sabe que éste fue completamente destruido por el sismo y que sus fragmentos fueron vendidos más tarde como metal por los sarracenos. De cualquier modo, el espíritu del gigante vencido por las fuerzas de la naturaleza sigue íntimamente ligado a la historia de la isla.

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Vista interior del antiguo puerto de Mandraki con la fortaleza Agios Nikólaos, que ahora es un faro, a la derecha.

Toda el área que se halla delante de Mandraki fue edificada por los italianos, quienes además llevaron a cabo la reconstrucción impecable de una gran parte de la ciudad medieval. Entre las destacadas edificaciones que nos salen al paso de inmediato sobresalen la Casa de Gobernación, el Ayuntamiento y el Teatro Nacional. Justamente frente al antiguo puerto se encuentra la catedral ortodoxa, Evangelismos, una hermosa iglesia de estilo gótico repleta de preciosos frescos del pintor religioso Fotis Kontoglou. Muy cerca del lugar está también la mezquita de Murat Reis.

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Una foto de Evangelismos, la más bella iglesia ortodoxa de estilo gótico en la ciudad de Rodas.

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La Casa de Gobernación situada en el antiguo palacio del Gobernador es del arquitecto italiano Florestano di Fausto.

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Paseo marítimo localizado frente al viejo puerto de Mandraki en la ciudad de Rodas.

Cuando seguimos avanzando a lo largo del paseo marítimo, pasamos frente al mercado y llegamos muy pronto a Nea Ágora, un edificio de fachada arqueada con un inmenso espacio central. Encontramos entonces un hermoso jardín contiguo al edificio dominante en el paisaje de la ciudad: el Palacio de los Grandes Maestres de los Caballeros de Rodas, situado en el mismo corazón del barrio medieval.

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Las bellísimas murallas que rodean la antigua ciudad de Rodas.

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La puerta de la Marina con sus torres gemelas es una de las más impresionantes de la ciudad.

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Una vista de la parte interior de las murallas en el barrio antiguo.

La ciudadela medieval de Rodas está rodeada de fosos y tiene tres kilómetros de murallas de doce metros de espesor con once puertas. El casco antiguo se divide en el Collachium, que era el barrio de los caballeros, y el Bourg, donde vivía el resto de la población. Ambos resultan verdaderamente atractivos y están llenos de misterio.

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La puerta de Ampouáz, o d’Amboise, en las murallas de Rodas.

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Las murallas de la ciudad antigua y los fosos que la rodean.

Es posible acceder al barrio antiguo por la Puerta Eleftherías, de la libertad. Entrando por ella, lo primero que vemos es la plaza de Symi y descubrimos las ruinas del templo de Afrodita. Muy cerca de allí están el Museo de Artes Decorativas, el Albergue de Auvernia, donde durante las Cruzadas se alojaban los caballeros de la orden de San Juan y el Museo Arqueológico, en el cual se encuentra, entre muchas otras maravillas, la famosa escultura Afrodita de Rodas.

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El patio del hospital de los caballeros es hoy el Museo Arqueológico de Rodas.

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Uno de los pasillos exteriores de la planta superior del Museo Arqueológico.

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Afrodita de Rodas, mármol del siglo I a.C., es la pieza más famosa del Museo Arqueológico.

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El Museo de Artes Decorativas de la ciudad de Rodas.

El entramado de callejuelas con arcos, las plazas repletas de cafés y restaurantes, sus bonitas fuentes y la riqueza de su arquitectura hacen de cada uno de los rincones del barrio antiguo un recuerdo memorable.

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Una de las laberínticas callejuelas con arcos que abundan en el casco antiguo.

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La bonita plazoleta de los Caballitos de Mar donde destacan las hermosas estatuillas de cobre.

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Al final de la calle Sócrates se encuentra la animada Plaza de Hipócrates.

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Uno de los muchos cafés y bares del casco antiguo de Rodas.

No es posible perderse la renombrada Calle de los Caballeros, que continúa inalterable a pesar de haber visto pasar más de cinco siglos de Historia. El estilo gótico reina en ella por todas partes. Sólo basta con mirar alrededor para notar las impresionantes puertas arqueadas y los albergues de dos plantas que conforman el conjunto. Subiendo por esta calle llegamos a la entrada del Palacio de los Grandes Maestres.

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La famosa Calle de los Caballeros donde estaban situadas sus posadas.

Este imponente palacio, construido en el siglo XIV y destruido luego en 1856 a causa del estallido de los explosivos que los turcos almacenaban en él, constituye el estilo medieval más puro de toda la isla. Fue restaurado durante la ocupación italiana, respetando hasta el más mínimo detalle los proyectos arquitectónicos de la edificación original. Actualmente el palacio alberga exposiciones permanentes sobre Rodas. Destacan en el mismo la puerta principal, el patio central, la cámara con columnatas, la cámara de la Medusa y la cámara de Laocoonte.

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La puerta principal del Palacio de los Grandes Maestres.

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El patio central del palacio cuya cara norte está jalonada de estatuas helenísticas procedentes del odeón de Kos.

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Una de las callejas típicas del casco antiguo de Rodas.

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Vista de una de las once puertas de las murallas de la ciudad.

Fuera de las murallas se levanta la Rodas moderna; una bonita urbe vibrante de energía. Es la ciudad de las playas llenas de turistas, las grandes tiendas de lujo, la intensa vida nocturna, la misma que permanece repleta de gente en su sinfín de excelentes cafés, restaurantes, bares y discotecas.

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La puerta de Santa Catalina vista desde el interior de las murallas.

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Una pequeña playa frente a la puerta de Santa Catalina, muy cerca del puerto.

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Vista del arsenal de la ciudad de Rodas.

Un poco más apartada, sobre la colina de San Stéfano, se halla la antigua acrópolis de Rodas. Aunque no son muchos los restos arqueológicos de interés que quedan en pie, la belleza de su enclave natural y el templo de Apolo Pithio justifican la visita.

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Un fragmento de las ruinas del templo de Apolo en la acrópolis de la ciudad de Rodas.

LÍNDOS

Con sus casas de un blanco resplandeciente, su bonita playa Megálos Gialós y su acrópolis sobre el mar, Líndos es, sin ninguna duda, el pueblo más pintoresco de toda la isla. Al estar prohibido el tráfico, su encanto es aún mayor. Los burros se encargan de subir a la gente a la acrópolis que se encuentra colgada de un precipicio de ciento veinticinco metros por encima del pueblo.

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La bonita playa Megálos Gialós vista desde la acrópolis de Líndos en la isla de Rodas.

En ella se hallan importantes restos arqueológicos, entre los que se destaca el templo de Atenea Lindia del siglo IV a.C. Este templo fue uno de los más venerados del mundo antiguo, llegando a ser visitado hasta por el mismo Alejandro Magno. En el siglo XIII los Caballeros Hospitalarios fortificaron de nuevo la ciudad con almenas mucho más altas que las murallas originales.

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La entrada medieval a la acrópolis de Líndos.

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Las ruinas de la estoa dórica de la acrópolis de Líndos frente al Egeo.

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Mientras se sube a la acrópolis es posible disfrutar de vistas como ésta.

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Otra magnífica vista de la bahía de Líndos desde lo alto de la acrópolis.

Las tortuosas callejas de Líndos están bordeadas de portales que se abren a sus peculiares casas, construidas mayormente entre los siglos XV y XVIII por marinos enriquecidos. Su pequeño puerto se llama Agios Pavlos en honor a San Pablo, quien realizó aquí la primera parada de su viaje a Rodas. En el mismo centro está la iglesia bizantina de la Panagia, cuyos extraordinarios frescos, pintados por Gregorio de Sime en el año 1779, son ya una razón más que suficiente para visitar el lugar.

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Líndos, con la hermosa iglesia bizantina de la Panagia en el centro del pueblo.

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La pintoresca playa de Megálos Gialós en Líndos.

La isla de Rodas es considerada una de las más preciadas joyas del Mediterráneo, pues no solamente resulta atractiva por sus indiscutibles encantos naturales, sino también por los tesoros arqueológicos que ésta alberga. Por ese motivo, el casco histórico de Rodas, en su totalidad, fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

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Nos despedimos de Rodas desde el mar con esta imagen de sus molinos de viento medievales y el Palacio de los Grandes Maestres.

Hasta aquí nuestro recorrido por Rodas. Ojalá que ustedes lo hayan disfrutado tanto como yo. Muchas gracias por acompañarme una vez más, y espero que nos veamos muy pronto para visitar otras islas del Dodecaneso y el noroeste del Egeo.

Hasta luego, amigos.

CRETA: LA CUNA DE LA CIVILIZACIÓN MINOICA

Hace millones de años, Egeida, la tierra que mantenía unida Grecia con Asia Menor, se hundió en el mar Mediterráneo. De los picos de sus montañas, emergidos de las aguas, surgió la isla de Creta. Según la mitología griega, en ella se encuentra la cueva donde Rea dio a luz a Zeus. Pero ese no es el único nacimiento glorioso ocurrido en este lugar. En Creta nació también una de las civilizaciones más importantes del mundo: la civilización minoica, que alcanzó su esplendor cuatro mil años atrás y perduró por más de un milenio.

La isla más grande de Grecia, que es también una de las más extensas del Mediterráneo, se encuentra situada en la encrucijada de tres continentes. Por tal motivo, a lo largo de su historia, ha sido el escenario de diversas guerras y múltiples conquistas. A pesar de eso, la natural sensibilidad de los cretenses impidió casi siempre que se frenara el florecimiento artístico y cultural de la isla, logrando preservar así muchas de las obras creadas en ella durante los tiempos de paz.

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El puerto de Heraclión es la primera sorpresa que nos espera en la capital de Creta.

La presencia humana en Creta se remonta a la era neolítica, aunque los pueblos que introdujeron el arte de la elaboración del cobre y desarrollaron la sofisticada civilización minoica llegaron a la isla alrededor del año 2600 a.C. Los primeros grandes palacios minoicos fueron destruidos por un gran terremoto hacia 1700 a.C., pero muy pronto nuevos palacios fueron erigidos en la isla, incluso más elegantes que los anteriores. Sin embargo, los mismos fueron destruidos también por el enorme maremoto que ocasionó la explosión volcánica de Santorini en el año 1400 a.C. Eso puso el punto final a la brillante civilización minoica.

Diferentes ocupaciones se sucedieron a partir de entonces. La primera fue la de los dorios, quienes introdujeron el uso del hierro en la elaboración de los metales. Luego, la isla pasó a formar parte del Imperio Romano y entró en contacto con el Cristianismo por medio de la llegada del apóstol San Pablo en el año 63 a.C. Seguidamente vino la etapa bizantina, que empezó en el 395 d.C con el emperador Theodosio el Grande. Entonces, tras un largo período de paz que duró más de dos siglos, comenzaron las invasiones árabes hasta que éstos terminaron por conquistar Creta. Más tarde, los venecianos también ocuparon la isla y mantuvieron su poder en ella durante más de cuatrocientos años, hasta que en 1645 ésta fue ocupada por los turcos, que iniciaron la etapa más cruenta de toda su historia. Finalmente, después del holocausto del monasterio de Arkadi, que conmovió en lo más profundo a la opinión pública europea, los turcos fueron expulsados de Creta con la ayuda de varias potencias occidentales y la isla pasó a formar parte de Grecia.

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Las pequeñas barcas típicas de los puertos cretenses con el antiguo arsenal de Heraclión al fondo.

HERACLIÓN

Heraclión es la ciudad más grande de Creta y también su capital. Se encuentra casi en medio de la costa septentrional de la isla y está rodeada de murallas venecianas. En el centro destacan la Plaza Venizelou y la Fuente Morosini, además de la Loggia y la hermosa basílica de Agios Markos. Otros puntos de interés son el puerto veneciano y su fortaleza Rocca al Mare. La puerta de esta última está decorada con leones en bajorrelieve. Por otra parte, la ciudad cuenta con uno de los museos arqueológicos más importantes del mundo, en el cual se exhiben hallazgos de toda la isla, pero esencialmente de la prehistórica civilización minoica que floreció en Creta por casi mil doscientos años. Cerca de Heraclión están también las ruinas de los famosos palacios minoicos de Knossos y Festos.

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La fortaleza Rocca al Mare que preside el puerto de Heraclión vista desde unas ruinas cercanas.

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La Fuente Morosini que se encuentra en la Plaza Venizelou en el centro de la ciudad de Heraclión.

KNOSSOS

Knossos es el sitio arqueológico más importante de la isla. El más lujoso de todos los palacios minoicos, el del rey Minos, estaba construido en el mismo centro de una gran ciudad. Fue descubierto en el año 1900 por Sir Arthur Evans, un conocido arqueólogo inglés, quien incluso trabajo en la reconstrucción de una parte de las ruinas. Por su enorme interés, una excursión a Knossos es prácticamente obligatoria para todo aquél que visite la isla. Las imágenes de este sitio arqueológico que aparecen a continuación hablan por sí solas.

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Knossos es, sin ninguna duda, el sitio arqueológico más importante de Creta.

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Una vista lateral de las ruinas del propileo norte del Palacio de Knossos.

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Las casas de la Guardia Real del Palacio de Knossos.

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Vista parcial de una de las claraboyas rodeadas por columnas que permitían la entrada de la luz solar al palacio.

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La impresionante sala del trono del rey Minos construida de piedra caliza hace 4000 años.

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La complicada disposición de esta área llevó a Evans a pensar que se trataba del legendario laberinto del Minotauro.

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Este fresco, El Principe de los Lirios, es considerado un epítome de la elegancia de la cultura cretense.

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Dos copias de los frescos pertenecientes al propileo superior del Palacio de Knossos.

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Los Saltadores de Toros es un conocido fresco que muestra una escena de acrobacia deportiva.

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Las Damas Azules es uno de los frescos más importantes del Palacio de Knossos.

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Este almacén de inmensas tinajas se encuentra muy cerca del patio central del palacio.

CHANIA

La hermosa Chania es la segunda ciudad de Creta y fue además su primera capital. En la región que abarca su prefectura, que es la más occidental de la isla, predomina la imagen impresionante de los Montes Blancos, que alcanzan alturas superiores a los dos mil cuatrocientos metros sobre el nivel del mar.

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Una de las muchas áreas repletas de restaurantes de la bonita ciudad de Chania.

Casi todos sus puntos de interés se encuentran concentrados en la ciudad antigua. En ella destacan su encantador puerto veneciano y el faro situado en la entrada del mismo. Por momentos, Chania nos recuerda Venecia. Hay algo nítidamente suspendido en su atmósfera, atrapado por su arquitectura, que evoca otros tiempos; aquéllos del extendido dominio del Véneto en el mar Mediterráneo.

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El puerto veneciano de Chania es verdaderamente pintoresco.

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Otra vista del encantador puerto de Chania en la isla de Creta.

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El viejo puerto de Chania con la mezquita de Hasan Kioutsouk en el extremo izquierdo.

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El puerto veneciano de Chania es un lugar al cual resulta muy difícil decir adiós.

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A la entrada del puerto de Chania destaca el antiguo faro veneciano.

La ciudad está enclavada en una zona realmente privilegiada, en medio del golfo de su mismo nombre y entre el golfo de Souda y el de Kissamos. Toda la región está repleta de playas de una belleza singular y de finísima arena.

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La bonita playa de arenas doradas que vemos en esta foto es Agia Marina en Chania.

RÉTHIMNO

Réthimno, por otro lado, recuerda ese mismo pasado de un modo diferente. A pesar de sus maravillosas playas, que son un verdadero paraíso para los turistas, tiene el sencillo encanto de un pueblo. No obstante, la ciudad nos revela de inmediato su profundo carácter histórico. Llena de estrechas callejuelas y casas con balcones de madera, junto a otras mucho más suntuosas de la antigua nobleza veneciana, Réthimno fue edificada sobre un cabo en cuyo extremo se levanta una bien conservada fortaleza que da testimonio del enorme poder alcanzado por Venecia en la isla: la Fortezza. En la misma entrada de ésta se halla el Museo Arqueológico y, a sus pies, el puertecillo, también veneciano, que a toda hora rebosa de actividad. Muy cerca del puerto están la famosa fuente romana de Rimondi, la iglesia de Agios Frangiskos y la Puerta Grande, entrada de las fortificaciones.

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La fuente romana de Rimondi, aún en uso, se encuentra en el mismo centro de Réthimno.

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Las enormes murallas de la fortaleza veneciana de Réthimno, la Fortezza.

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Entre las construcciones que se encuentran dentro de la Fortezza destaca la mezquita Ibraham Han.

Réthimno, desde todo punto de vista, resulta una ciudad acogedora e interesante, que tiene mucho que ofrecer a sus visitantes.

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Esta florida calle de Réthimno es un ejemplo de la quietud que reina en los barrios de la ciudad durante la tarde.

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Una de las tantas pequeñas escaleras que facilitan la bajada desde la Fortezza hacia el centro de Réthimno.

Bueno, amigos, terminamos aquí nuestro recorrido por Creta. Espero que la visita haya sido de interés para todos y que se animen a acompañarme a mi próximo destino: Rodas, la mayor de las islas del Dodecaneso. Les prometo que si lo hacen no se arrepentirán.

Como siempre, muchísimas gracias.

Hasta la próxima.

 

MYKONOS Y SANTORINI, SOBERANAS DE LAS CÍCLADAS

Después de un largo silencio, nos encontramos de nuevo aquí, justamente donde detuvimos el viaje hace algún tiempo. Estamos en el archipiélago de las Cícladas, a punto de retomar nuestro recorrido por el Egeo. En esta ocasión, visitaremos juntos dos de las islas más bellas del mundo: Mykonos y Santorini.

MYKONOS

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El barrio de Alefkandra en Mykonos es conocido como la Venecia Griega.

Esta isla es por excelencia la más cosmopolita de Grecia. Mundialmente conocida, Mykonos no deja de encantar a sus incontables visitantes. Y es lógico que así sea. Basta con contemplar su mar de profundo azul, su viejo puerto repleto de barcas multicolores y su ciudadela blanca trepando desde las olas hacia la cima de una colina como si quisiera elevarse hacia el sol, para que todo el conjunto se transforme de inmediato en un pequeño paraíso.

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El viejo puerto de Mykonos es verdaderamente pintoresco.

Según la mitología griega, la isla recibe su nombre por el héroe Mykono. Se dice también que fue precisamente en ella donde Hércules mató a los gigantes y que de sus cuerpos petrificados se formaron las rocas de su suelo. Los jónicos llegaron a ella desde Atenas en el siglo IX a.C. y ésta quedó bajo su dominio. Sin embargo, durante mucho tiempo Mykonos ocupó un segundo lugar con respecto al cercano islote de Dilos, que hoy se encuentra inhabitado pero fue un importante centro religioso en la Antigüedad. Sus ruinas, sumamente interesantes y bien preservadas, constituyen una excursión casi obligada para cualquier amante de la Historia que visite las Cícladas. Más tarde, los venecianos dominaron la isla desde 1207 hasta 1537, dejando también su influencia en ella.

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Las barcas multicolores tan típicas de los puertos pesqueros del Egeo se suman al encanto al lugar.

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La pequeña playa del pueblo que está al final del puerto vista desde las ruinas de un pórtico cercano.

Entre las casas blancas de la isla con sus bonitos balcones de madera pintados en diferentes colores destacan las cúpulas rojas y azules de sus innumerables iglesias bizantinas. Vale la pena visitar la Panagia Paraportiani que se encuentra al final del puerto. Está considerada como la muestra más hermosa de la arquitectura cicládica tradicional.

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Una vista lateral de la iglesia Panagia Paraportiani en el Kastro.

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En esta foto del puerto se pueden apreciar dos iglesias típicas, una con cúpula azul y otra con cúpula roja al fondo.

Las callejuelas de Mykonos están animadas a toda hora. Repletas de restaurantes, galerías de arte, bares y discotecas, que destacan tanto por su excelente oferta como por su indiscutible modernidad, dan a la más pintoresca de las islas griegas un toque definitivamente urbano y de buen gusto.

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Un bar de Mykonos mirando al mar desde la Venecia Griega.

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Una callejuela de Mykonos que muestra la combinación de colores tan típica en la arquitectura de la isla.

Otro elemento muy importante en el paisaje de Mykonos es la presencia constante de los molinos de viento. Situados siempre sobre pequeñas colinas, éstos pueden ser vistos en muchas ocasiones con sus blancas velas desplegadas por el viento.

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Este grupo de molinos es uno de los más fotografiados del Egeo.

Además, coronando su esplendor, Mykonos cuenta con un gran número de hermosas playas. Entre ellas destacan sobre todo: Tourlos, Agios Stefanos, Ornos, Psarou, Platis Gialos y las muy populares entre los jóvenes Paradise y Super Paradise.

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Una amplia vista de Mykonos desde los molinos de viento.

Así es de hermosa esta isla, pero no hay descripción, ni siquiera fotográfica, que pueda hacerle justicia. Es uno de esos lugares que, como las obras de arte, nunca es posible explicar del todo. El único modo de comprender su riqueza es haciéndolo aquí, justamente bajo su sol, nadando en una de sus playas o disfrutando de alguno de los muchos encantadores rincones que ofrece este privilegiado universo capaz de estremecer a los propios dioses.

SANTORINI

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Esta iglesia mirando al mar es quizá la imagen más difundida e inconfundible de Santorini.

No cabe ninguna duda de que Santorini es uno de los sitios más espectaculares de toda Grecia. Es imposible olvidar que su belleza sobrenatural y salvaje fue creada por la explosión de un volcán que aún reposa en medio de la bahía como testigo imperecedero del inmenso poder de la naturaleza. Alrededor del mismo, en forma de medialuna, está lo queda de la isla original que desapareció en el mar: una enorme roca de varios colores sobre la cual se levanta ahora todo lo que el hombre ha creado, a partir de entonces, en este lugar tan especial.

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Una vista de Fira, capital de Santorini, a la caída del sol.

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La apacible belleza del atardecer en Santorini atrae a visitantes de todo el mundo.

Los primeros habitantes de la isla fueron pueblos pre-helenos hacia el año 3000 a.C. El gran impacto de la Civilización Minoica quedó demostrado con las excavaciones de Akrotiri, cuando fue desenterrada de la ceniza volcánica una urbanización completa con casas de dos y tres plantas decoradas con frescos semejantes a los de los palacios de Minos. La isla se llamaba entonces Kalisti, pero en el año 1459 a.C., cuando se produjo la famosa explosión volcánica, gran parte de la misma fue destruida hundiéndose en el fondo del mar. La mayoría de los espléndidos frescos de Akrotiri se encuentran ahora en el Museo Arqueológico Nacional en Atenas.

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Una vista parcial de Fira, erigida en lo alto de la roca que forma el suelo de Santorini.

Aunque la actividad volcánica nunca ha cesado por completo, la isla continuó desarrollándose sin descanso. La una vez llamada Kalisti adquirió posteriormente el nombre de Thira, por llamarse así el líder de los dorios que fueron quienes construyeron la antigua Thira. El nombre Santorini surgió mucho después y viene de Santa Irene, quien es ampliamente venerada entre los isleños.

En las Guerras del Peloponeso Thira fue aliada de Esparta hasta que ésta última fue vencida por Atenas y pasó al dominio de los atenienses. Luego, en 1207, llegaron los venecianos con Marco Sanoudo, quien la entregó al ducado de Naxos. Más tarde, Santorini fue ocupada por los turcos alrededor del año 1570, hasta que pasó a formar parte de Grecia en 1832 como el resto de las Cícladas.

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Las vistas panorámicas se encuentran por todas partes en la isla de Santorini.

Caminando por las callejuelas de Fira uno se siente a cada paso invitado a detenerse para disfrutar del espectacular paisaje de Santorini en alguno de los muchos bares y restaurantes que nos salen al encuentro. Pero una de las cosas más sorprendentes de esta isla es la misteriosa elegancia de su arquitectura, siempre en perfecta fusión con el entorno. Aquí tenemos la perenne impresión de estar andando por una enorme boutique. El arte y la vida diaria se funden en un estrecho abrazo en todo momento.

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Una graciosa rueca ornamental colocada sobre el techo de una casa.

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En Santorini las terrazas son siempre una invitación al descanso frente al Egeo.

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Otro ejemplo de la estrecha fusión que existe entre la decoración y el medio ambiente en esta isla.

Oia es una ciudadela situada en lo más septentrional de la isla que resulta aún más pintoresca que Fira. Tiene un castillo veneciano y un enorme número de casas cuya arquitectura es verdaderamente exquisita. Sus puestas de sol son famosas en todo el mundo. Por tal motivo, decenas de personas acuden aquí a diario, poco antes del atardecer, para disfrutar del espectáculo. Es un sitio muy animado. Está repleto de galerías de arte, tiendas de todo tipo, cafés y buenos restaurantes. Mientras los visitantes esperan la apacible llegada de la noche hay un sinnúmero de artistas y músicos callejeros que entretienen a los presentes.

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Un grupo de visitantes disfrutando de la puesta del sol en la hermosa Oia.

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Uno de los muchos restaurantes en Oia desde donde se puede contemplar el atardecer sobre el mar Egeo.

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Las galerías de arte ofrecen obras para todos los gustos en Santorini.

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Un conjunto de iglesias y monasterios bizantinos en Oia.

Estamos llegando al final de nuestra visita virtual a Santorini. Por eso, antes de despedirme, quisiera mencionar que existen varios estudios científicos que sostienen que la isla que se hundió en este mar que ahora nos rodea rebosante de encanto y misterio era la mismísima Atlántida. De modo que, si deciden regresar algún día, no se marchen de aquí sin detenerse antes por unos instantes para mirar alrededor e imaginar lo que debió haber sido esa mítica civilización. Prometo que no les resultará difícil quedar convencidos de que han visitado el emplazamiento de ese mundo perdido.

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Esta espléndida vista del mar, tomada desde Fira, nos anuncia la despedida.

Decimos adiós a las Cícladas. A bordo de ese mismo crucero que se marcha en la última foto continuaremos nuestro viaje hacia otras islas del Egeo. Una nueva aventura nos espera ante el mar de Creta.

Como siempre, muchas gracias por acompañarme en este viaje.

Hasta muy pronto.

 

LAS ISLAS CÍCLADAS: UN PARAÍSO EN BLANCO Y AZUL

El Mediterráneo, con su historia milenaria de cultura y civilización, alcanza indudablemente su máximo esplendor en el Mar Egeo. Entre Grecia continental y Asia Menor, esparcidas por el mar más azul de toda la Tierra, se encuentran las islas griegas. Son tantas que no existe un número semejante de islas en ninguna otra región del Mediterráneo. Se calcula que, incluyendo también todos los islotes, hay cerca de tres mil, aunque solamente ciento cuarenta de ellas están habitadas.

Los molinos de viento blancos son muy típicos en el paisaje de las islas griegas.

Las islas se encuentran agrupadas atendiendo a su ubicación geográfica en siete grupos: Argosarónico, Cícladas, Dodecaneso, Evia-Esporadas, Egeo Septentrional y Oriental, Eptaneso y Creta. Todas ellas, independientemente del grupo al que pertenezcan, son muy hermosas. Y lo son no solamente por su increíble luminosidad, sino también por sus bellísimas playas de arena fina y sus tranquilos pueblos tradicionales repletos de bonitas iglesias, monasterios y antiguos castillos desde donde siempre es posible contemplar el mar.

LAS ISLAS CÍCLADAS

El conjunto de islas más pintoresco de Grecia es donde nos encontramos hoy, en pleno corazón del Egeo: el archipiélago de las Cícladas. Su nombre proviene del círculo imaginario que éste forma alrededor de la isla sagrada de Dilos que, según cuenta la mitología griega, surgió del fondo del mar para dar patria a Apolo, el dios de la luz. Actualmente las Cícladas son conocidas como las “Islas Blancas”, ya que sus pueblos, construidos al estilo de la arquitectura tradicional cicládica con la piedra rocosa de su suelo, son de una blancura que contrasta profundamente con el azul intenso del mar.

La arquitectura tradicional cicládica combina armoniosamente el blanco con el azul.

Mykonos, Santorini, Milos, Kimolos, Sifnos, Kythnos, Kea, Jaros, Syros, Tinos, Ios, Andros, Sefiros, Anafi, Amorgos, Keros, Iraklia… La sola mención de estos nombres nos evoca al instante una visión paradisíaca, mezcla de sol y mar, de aguas cristalinas y apacibles atardeceres. Y no nos equivocamos, porque todo eso y muchísimo más nos espera en cada una de estas islas. Es por eso que las mismas constituyen uno de los destinos preferidos por visitantes provenientes de todas las latitudes. Comencemos entonces por explorar tres de las más hermosas. Bienvenidos a Paros, Antiparos y Naxos.

PAROS

La isla de Paros está situada en el centro de las Cícladas y es una de las más cosmopolitas del archipiélago. Debe su nombre a Paros, el líder de los arcadios que llegaron a la isla hacia el siglo X a.C. De esta isla se extrajo en la Antigüedad el mármol blanco de mejor calidad que existía en el mundo. Fue precisamente con él que se esculpieron estatuas tan célebres como el Hermes de Praxíteles y la Afrodita de Milos, más conocida como la Venus de Milo que se encuentra hoy en el Museo del Louvre en París. Parikia es la ciudad principal de la isla. Sus blancas casas pintadas de cal, sus hermosas callejuelas llenas de cafés al aire libre y sus muchas iglesias bizantinas dan a la ciudad un carácter particularmente urbano.

Vista de la ciudad de Parikia.

Puesta de sol en el puerto de Parikia.

En Parikia sobresale la gran iglesia bizantina de Ekatondapyliani, uno de los momentos paleocristianos más renombrados de toda Grecia. Su nombre proviene de una leyenda que decía que la iglesia tenía cien puertas. Es la única de todas que no está pintada de blanco y tiene tejas en lugar de una cúpula.

La gran iglesia bizantina de Ekatondapyliani.

Naoussa, por otro lado, tiene todo el encanto de un pequeño pueblo pesquero. Su pintoresco puerto veneciano es uno de los más bellos y tradicionales del Mar Egeo. Sus estrechas calles por las que siempre transitan un sinnúmero de locales y visitantes hacen del paseo por este pequeño puerto, especialmente durante las últimas horas de la tarde, una experiencia inolvidable.

El pueblo de Naoussa visto desde el mar.

El pequeño puerto de Naoussa desde las ruinas del castillo veneciano.

Vista del Egeo con Naoussa al fondo.

El Museo Bizantino, la iglesia de la Pantanassa y las ruinas del castillo veneciano que se hallan en el mismo puerto son otras de las muchas maravillas que ofrece este hermoso lugar. Pero Naoussa destaca también por contar con algunas de las playas más hermosas de Paros. La belleza y el encanto de Langeri, Monastiri, Santa Maria o Kolymbithres, que están ubicadas en sus proximidades, no decepcionarían ni al más exigente de los visitantes de la isla.

La hermosa playa de Santa Maria en la isla de Paros.

La playa de Santa María casi desierta en pleno mes de agosto.

Otra vista de la playa de Santa Maria mostrando su infinita quietud.

La playa de Monastiri debe su nombre a este pequeño monasterio.

Una vista de la playa de Monastiri desde la distancia.

La belleza virgen de la playa de Langeri.

El área nudista de la playa de Langeri.

La naturaleza en estado puro en la isla de Paros.

ANTIPAROS

Antiparos es, en realidad, un islote situado al suroeste de la isla de Paros, con la que se cree que estuvo unida en el pasado. Tiene también muy hermosas playas y un bonito puerto pesquero repleto de pequeñas barcas multicolores. El puerto de Antiparos es realmente pintoresco, con sus bonitos hoteles y tabernas frente al mar.

Una vista panorámica de Antiparos desde el mar.

El pequeño puerto de Antiparos con sus barcas multicolores.

Las barcas multicolores en el puerto de Antiparos.

Un hermoso espectáculo en el cielo frente a la playa Sifnaikos Gialos en Antiparos.

NAXOS

Según la mitología griega, Naxos es la isla del dios Baco y de su esposa Ariadna. También se cuenta que es el lugar donde Teseo se detuvo cuando salió de Creta después de dar muerte al Minotauro. La isla está habitada desde antes del 2000 a.C. Es la más extensa de las Cícladas y se encuentra en el mismo centro del archipiélago, muy cerca de Paros. Su silueta destaca desde lejos por su más alta montaña, Za, que quiere decir Zeus y se asemeja a una pirámide. Lo más impactante de Naxos es Chora con el castillo veneciano y la impresionante ciudadela medieval construida en una colina, justamente, sobre el puerto. Sus muros constituyen las paredes exteriores de las mansiones de los nobles venecianos cuyos descendientes siguen aún viviendo en ellas. Sus nombres pueden verse todavía sobre las puertas en los escudos de las familias.

La Chora con el castillo veneciano y la ciudadela medieval en la isla de Naxos.

Vista del paseo marítimo frente al puerto de Naxos.

Del mismo modo, resulta impresionante la enorme puerta de mármol conocida como Portara de lo que fuera el Templo de Apolo que nunca llegó a terminarse. Se levanta a la entrada del puerto en la cima del pequeño islote, ahora unido a Chora, que se encuentra a la izquierda del castillo. Existe además dentro del puerto otro islote sumamente pequeño en el que sólo cabe una pintoresca ermita: Panagia Nyrtidiotissa.

El pequeño islote a la entrada de Naxos donde se levanta la puerta del Templo de Apolo.

Vista de la puerta del Templo de Apolo desde los alto de la ciudadela veneciana.

El camino que conduce al islote donde se halla la Portara.

Hermoso atardecer en la puerta del Templo de Apolo.

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El enorme kouros que se encuentra muy cerca de Apollón en la isla Naxos.

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Una taverna bajo el sol en la playa de Maragas.

La isla está repleta de paisajes atractivos, bonitas aldeas cicládicas, iglesias bizantinas, torres venecianas y varios de los renombrados “kouros”, que son estatuas antiquísimas de hombres jóvenes de inmensas dimensiones construidas en mármol. Como si todo esto no fuera suficiente, Naxos tiene algunas de las playas más hermosas de toda Grecia, sólo agitadas de vez en cuando por el meltemi, un viento marino que en ocasiones azota las islas del Egeo durante el verano. Su llegada rompe la calma de los bañistas, pero trae la felicidad de los amantes del surf. Entre sus mejores playas destacan Agios Prokopios, Agia Anna, Plaka, Mikri Vigla, Orkos y Kastraki.

El mar Egeo siendo azotado por los vientos del meltemi en Naxos.

El meltemi es una bendición para los surfistas.

Cuando pasan los vientos del meltemi y regresa la calma al Egeo todo recobra su cotidiano esplendor.

Toda la belleza del Egeo en la espectacular playa de Plaka.

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La bellísima playa de Agios Prokopios en la isla de Naxos.

Los dejo con esta última foto de la playa de Agios Prokopios en Naxos. Con ella llegamos al final de la primera parte de nuestro recorrido por las islas griegas. Espero que estén disfrutado de la experiencia y que continúen andando conmigo a todo lo largo del camino.

En nuestro próximo encuentro exploraremos algunas otras islas de este hermoso mar lleno de sorpresas.

Hasta muy pronto, amigos.

 

METEORA: EL LÍMITE ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

Desde el Ática, lugar donde habíamos terminado nuestro recorrido en el post anterior, hasta Macedonia, que se encuentra en el norte del país, está localizada la región de la Grecia Central. Entre las maravillas naturales de esta región destaca por su belleza la llanura de Tesalia. En ella, el esplendor bizantino del conjunto de monasterios de Meteora ofrece uno de esos raros espectáculos en los que la acción del hombre unida a la de la naturaleza hacen de la mera contemplación una experiencia inolvidable.

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La belleza exuberante de la llanura de Tesalia donde se encuentra Meteora.

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Los monasterios constituyeron un refugio seguro para los monjes debido a su inaccesibilidad.

Meteora significa en castellano “rocas suspendidas”. Su nombre no podría explicar mejor el panorama que ofrece este lugar a la vista de quien se aventura a su encuentro. Las torres naturales de piedra caliza en cuyas cumbres fueron construidos los monasterios cristiano-ortodoxos están situadas en las proximidades de la ciudad de Kalambaka y se elevan al cielo hasta una altura de unos 600 metros como si se alzaran en busca de la divinidad.

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Los monasterios fueron construidos por los propios monjes en las cumbres de estas paredes verticales de roca caliza.

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Las formas caprichosas de estas formaciones rocosas permiten pensar que, en realidad, fueron enviadas desde el cielo como creían sus primeros habitantes.

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Vista de Kastraki, un pequeño pueblo cercano a los monasterios, desde una de las elevaciones rocosas.

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El paisaje en Meteora es un verdadero deleite para los sentidos y el espíritu.

Los primeros monjes que habitaron Meteora en el siglo IX eran ermitaños que vivían en sus cuevas para sentirse así más cerca del Creador. En 1382 el monje Athanásios, del monte Atos, fundó sobre uno de los pináculos el monasterio de Mégalo Metéoro. Luego se construyeron veintitrés monasterios más en la zona. Sin embargo, debido a lo inaccesible de estos emplazamientos la mayoría de ellos eran ya ruinas a finales del siglo XIX. Se desconoce como los ermitaños alcanzaban las cimas de estas rocas de paredes verticales para llevar a cabo las edificaciones. Sin embargo, no es un secreto que la gente y los víveres, una vez construídos los monasterios, subían mediante un inteligente y elaborado mecanismo de torno. No fue hasta principios del siglo pasado que se construyeron escaleras para facilitar el acceso a algunos de los monasterios. No obstante, muchos de ellos fueron totalmente destruidos durante la Segunda Guerra Mundial cuando la resistencia griega los utilizó como refugio. Solamente seis monasterios han llegado hasta nuestros días: Mégalo Metéoro, Rousánou, Varlaám, Agiou Nicolaou, Agia Triada y Agios Stefanos.

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Vista del monasterio Varlaám que debe su nombre al primer ermitaño que vivió en este emplazamiento.

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Una foto más próxima del monasterio Varlaám. Su famoso Katholikón contiene maravillosos frescos de Frágkos Katelános, iconografista de Tebas.

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El pequeño monasterio de Agiou Nikolaou es una de las primeras sorpresas del camino cuando se parte desde Kastraki.

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El monasterio Moní Rousánou, con su impresionante emplazamiento, es uno de los más hermosos del conjunto.

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Rousánou visto desde el monasterio Varlaám. Su iglesia de la Metamorfosis es famosa por sus frescos pintados por los iconografistas de la escuela de Creta en 1560.

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Megálo Metéoro, conocido además como el Gran Meteoro, es también el más alto de todos los monasterios.

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La cueva donde vivió Ahtanásios, cuyo cuerpo está enterrado en la iglesia principal, se encuentra junto a la entrada del monasterio Mégalo Metéoro.

En 1988 el conjunto de Meteora fue designado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En la actualidad, un renacer religioso ha atraído a un gran número de monjes y monjas hacia estos monasterios. Y, desde luego, también a muchos visitantes de todas partes del mundo en busca de su belleza.

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Hermosas vistas como ésta nos aguardan en el camino de regreso a Kalambaka.

Terminamos aquí nuestro recorrido por la mágica Meteora. Espero que hayan disfrutado con las imágenes de estas impresionantes formaciones rocosas unidas tan indisolublemente a sus monasterios.

Nuestra próxima cita tendrá lugar en medio del mar Egeo, en el mismo corazón de las islas Cícladas.

Hasta pronto, amigos.

 

ATENAS: EL INICIO DEL VIAJE

Bienvenidos a la aventura de compartir impresiones acerca de algunos de los lugares captados por mi cámara de viajero alrededor del mundo. Con estas fotos de Atenas, ciudad donde nació nada menos que la democracia, iniciaremos nuestro recorrido por la hermosa Hellas. Ojalá que mi decisión de comenzar precisamente en Grecia les resulte interesante y que quienes decidan participar en este viaje virtual lo disfruten al máximo.

Antonio Ricardo Valle.

La Acrópolis de Atenas con el Partenón y el Teatro de Herodes Ático.

UN ARSENAL DE SABIDURÍA

La Acrópolis, que representa los enormes logros políticos y culturales de la Grecia antigua, se levanta aún inconfundible en el paisaje de la Atenas de nuestros tiempos como todo un símbolo del digno orgullo que caracteriza a los griegos. El pensamiento filosófico, el arte y la belleza en todas sus formas han formado parte de la vida de esta ciudad y este pueblo desde siempre.

El Ágora, situada entre la Acrópolis y el barrio popular de Monastiraki, constituyó el centro político, social y comercial de Atenas en la Antigüedad. Fue también el lugar preferido de encuentro de los más extraordinarios artistas y filósofos de la cultura griega. Allí no solamente nacieron una gran parte de las ideas éticas y estéticas que enriquecieron el pasado glorioso de Grecia, sino también la mayoría de los modelos que han servido de inspiración para todo cuanto Occidente ha edificado desde entonces.

En el área del Ágora, o mercado, se congregaba un complejo entramado de edificios públicos, teatros, colegios y tiendas de la época.

Algunos edificios del Ágora han sido reconstruidos y albergan interesantes museos.

El templo de Hefesteón es el más hermoso y mejor conservado de todos los edificios que conforman el conjunto del Ágora.

El Templo de Hefesteón es también conocido como Teseón.

Andronikos Kyrrestes, astrónomo y arquitecto sirio, erigió la Torre de los Vientos como reloj de agua y veleta en el siglo I a.C. Su excelente estado de conservación asombra a los visitantes de la ciudad.

La Torre de los Vientos.

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En estas ruinas del Mercado Romano es donde se encuentra también la Torre de los Vientos.

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Las ruinas de la famosa biblioteca de Adriano se encuentran junto a la Plaza de Monastiraki.

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El Arco de Adriano fue construido con mármol de Pendelis en honor al emperador y data del año 131 d.C.

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El Templo de Zeus Olímpico, con quince columnas que aún se hallan en su sitio, es el templo más grande de Grecia.

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La colina Pnyka, lugar donde se reunían los antiguos atenienses para discutir los problemas de la ciudad y en el cual surgió la democracia.

MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL

Este museo no solamente es una de las grandes joyas de Atenas, sino que está considerado como uno de los mejores del mundo. Su valiosa colección contiene bellísimos trabajos de cerámica, estatuas arcaicas, oros micénicos y una enorme cantidad de esculturas clásicas. Algunas de sus obras más afamadas se encuentran a continuación.

La máscara de oro de Agamenón procedente de Micenas.

El dios del cabo Artemisio. Aún se discute si el representado es Zeus o Poseidón.

El Efebo de Maratón.

El Jinete de Artemisión.

El Efebo de Anticitera.

Los bustos de Antínoo y del Emperador Adriano.

Los frescos de Akrotiri, restos de la Civilización Minoica, hallados en la isla de Santorini.

Otro fresco minoico proveniente de las excavaciones de Akrotiri descubierto bajo una capa de ceniza volcánica.

EL NUEVO MUSEO DE LA ACRÓPOLIS

Este es otro de los principales museos arqueológicos de la ciudad de Atenas. Dentro de las obras más importantes que se hallan en este museo están los frontones y el friso oeste del Partenón, las Cariátides del Erecteión y el friso del templo de Atenea Niké.

Las Cariátides ocupan un lugar privilegiado en el museo.

Una vista interior del Nuevo Museo de la Acrópolis.

Dentro de los extraordinarios museos de Atenas figuran también de manera prominente el Museo Bizantino, el Museo de Arte Cicládico y el Museo Benaki. Todos ellos con colecciones excelentes que no es posible pasar por alto si se visita la ciudad.

ATENAS DE NOCHE

La indiscutible majestuosidad de los monumentos históricos de Atenas destaca a plena luz del día, pero es innegable que cuando pueden ser apreciados en todo su esplendor es cuando son iluminados durante la noche.

Atenas iluminada.

La Acrópolis bajo la Luna.

Las ruinas de la biblioteca de Adriano.

Las ruinas de la biblioteca de Adriano.

PAISAJES URBANOS DE LA CIUDAD

Los grandes espacios abiertos que nos ofrece Atenas y elegantes edificios públicos hacen de la capital de Grecia una de las ciudades más fotografiadas de Europa. En ella, la mirada se pierde en el horizonte con la seguridad de encontrarse siempre con imágenes espectaculares.

Vista de Atenas desde la colina de las Musas hasta el mar Egeo.

Panorama de Atenas desde la colina de Lykavittós con la Acrópolis en la distancia.

LOS ALREDEDORES DE ATENAS

El Ática, la región que rodea a Atenas, posee una enorme diversidad de paisajes y magníficas playas de aguas cristalinas. En el camino hacia el cabo Sunio, donde se encuentra el Templo de Poseidón, el intenso azul del mar y los apacibles atardeceres sobre el Egeo ofrecen tal alivio a los sentidos que resulta fácil comprender las poderosas razones que tuvieron los dioses de la mitología griega para sentir tanta envidia de los hombres.

El Templo de Poseidón en Sunio.

El cabo Sunio frente al mar Egeo.

En nuestro próximo encuentro visitaremos una de las regiones naturales más impresionantes de la Grecia continental para sumergirnos en la mítica belleza de Meteora.

Muchas gracias por acompañarme en el camino.

Hasta muy pronto.